Se multiplicaron los alzamientos: primero en Jalisco, Zacatecas, Guanajuato y
Michoacán, luego se sumaron casi la totalidad del centro del país.
La gente al mando de la Liga mandaron preguntar al Comité Episcopal si era
lícito la toma de armas en defensa de sus derechos, a lo que les contestaron que
si, por como estaban las circunstancias. Así se extendió la lucha por todo el
país, pero ninguno de los bandos llegó a tener la victoria ya que se dice que
las plazas tomadas por unos eran rescatadas por los otros.
Los principales generales del Ejército Federal en esta guerra fueron Eulogio
Ortiz, Espiridión Rodríguez, Saturnino Cedillo (principal movilizador de los
agraristas y cacique de San Luis Potosí), Lázaro Cárdenas, Miguel y Maximino
Ávila Camacho y Genovevo de la O. A estos dos últimos correspondió la
organización militar de Aguascalientes y sus alrededores.
Y por parte de los Cristeros sobresalieron hombres como Pedro Quintanar y
Aurelio Acevedo en el norte de Jalisco y sur poniente de Zacatecas; José Velasco
en el municipio de Calvillo en Aguascalientes; Carlos Diez de Sollano en el
Norte de Guanajuato; Luis Navarro Origel y Jesús Degollado Guízar en Michoacán y
sur de Jalisco, respectivamente y Victoriano Ramírez "El Catorce" en Los Altos.
En 1928 hubo elecciones presidenciales resultando reelecto Alvaro Obregón quien
se dice ya pensaba en llegar a un acuerdo para finalizar con la guerra, sin
embargo fue asesinado por José León Toral. Así los arreglos para obtener la paz
se perdieron por un año, y se nombró presidente interino a Emilio Portes Gil.
Luego llegó a México el embajador estadounidense Morrow, que sirvió como
intercesor entre el Gobierno mexicano y la Iglesia para terminar el conflicto.
Tuvo una entrevista con los desterrados Monseñor Ruiz Flores y Monseñor Pascual
Díaz; donde exponía nuevamente la petición de la iglesia frente a la
Constitución. Portes Gil declaró que los cultos podrían reiniciarse en el
momento en que los sacerdotes así lo dispusieran, siempre y cuando se sujetaran
a la ley vigente, que en realidad siempre fue la postura del Gobierno. Ruiz y
Flores dijo que sobre esa base no podría negociarse nada, pero ante la
insistencia de Morrow cedió. Se pidieron instrucciones a El Vaticano y la
respuesta fue pactar una solución pacífica. Morrow tomó las posturas de las
partes y redactó finalmente los términos en que se lograrían los arreglos
llamados "modus vivendy" que eran: amnistía general para todos los levantados en
armas que quisieran rendirse, que se devolvieran las casas curales y
episcopales, y que de alguna manera se garantizara la estabilidad de estas
devoluciones.
Por otra parte la Liga y los cristeros señalaron los arreglos como indignantes,
ya que no se les tomó en cuenta para su realización, y los obispos fueron
considerados traidores. Y de 50 000 combatientes, sólo 14,000 entregaron sus
armas.
A pesar de haber firmado los acuerdos que acababan con la guerra, esta no llegó
para los cristeros, ya que muchos militares a manera de venganza personal
mataron a muchos de los amnistiados, y muchos cristeros fueron perseguidos y
torturados.
Luego Pascual Díaz fue nombrado arzobispo de México por lo que despertó el
descontento de los cristeros y la Liga ya que habían sido obligados a retirarse
de su lucha, Díaz por su parte prohibió toda crítica o comentario sobre los
arreglos y amenazó con la excomunión a quienes siguieran en armas.
En la capital del país el presidente Portes Gil, en un banquete ofrecido por los
masones anunció su triunfo y el sometimiento de la Iglesia católica a la ley sin
que la Constitución sufriera alguna modificación.
Después surgieron varios levantamientos en el interior del país a una de esas se
le llamó La Segunda (porque se pensaba que sería igual de fuerte que la primera
guerra de cristeros), pero ahora uno de los enemigos de esas movilizaciones fue
la misma Iglesia a la que consideraron traidora, sin embargo no duraron mucho y
fueron sofocadas rápidamente.
Durante mucho tiempo Iglesia y Estado, mantuvieron un profundo silencio con
respecto al conflicto, ni tampoco nunca se pensó hacer algún balance de la
actuación de ambas partes en el conflicto, algunas personas que vivieron el
conflicto señalan que fue porque querían exculparse de su responsabilidad ante
las muertes que causaron.
Los años siguientes los boletines parroquiales realizaron severas críticas
respecto a la educación que impartía el Estado a través de las escuelas
oficiales, muchos curas amenazaban con excomulgar a quienes mandaran a sus hijos
a estudiar a escuelas del gobierno, mientras que los padres de familias
católicas se les amenazaba con la prisión si mandaban a sus hijos a escuelas
parroquiales; por lo que nos podemos dar cuenta que el conflicto entre la
iglesia y el estado continuó.
Fue hasta 1988 cuando el presidente Carlos Salinas reanuda las relaciones
diplomáticas con el Vaticano pretendiendo dejar atrás las diferencias. Además se
hizo una reforma al artículo 130 de la Constitución, y se le otorga personalidad
jurídica a la Iglesia, lo que marcó el inicio de una nueva etapa en las
relaciones Iglesia-Estado.
Parte I: Antecedentes de la Guerra Cristera (1926-1929)
Parte II: Gobierno del General Álvaro Obregón (1920-1924)
Parte III: Gobierno del General Plutarco Elías Calles