Durante el gobierno del general Álvaro Obregón (1920-1924), las relaciones entre
la Iglesia y el nuevo Estado revolucionario estuvieron marcadas por una
creciente tensión y la imposibilidad de llegar a un acuerdo que beneficiara a
para ambas partes.
Los choques entre los miembros de la CROM, fuerte organización sindical apoyada
por el Gobierno, y miembros de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM)
se convirtieron en protagonistas de las noticias. Fue hasta enero de 1923,
cuando el delegado apostólico del Vaticano, monseñor Ernesto Philipi, acudió a
bendecir el Cerro del Cubilete (en Silao, Guanajuato) donde sería puesto el
monumento a Cristo Rey. El gobierno del general Obregón interpretó tal acto como
un abierto desafío a la autoridad y un ataque a la Constitución y acordó que se
aplicara a Philipi la sanción del artículo 33 de la Constitución, obligándosele
a abandonar el país.
El Gobierno ordena que sean aplicados los artículos 130, 27 y 3
constitucionales con todas sus consecuencias por lo que entre 1925 y 1926 salen
del país 183 sacerdotes extranjeros y son cerrados 74 conventos. Ante esto la
Iglesia mexicana decide oponerse activamente al Estado.
Después de la toma de la Presidencia por parte del general Plutarco Elías
Calles, las relaciones entre el gobierno y los católicos estuvieron todavía
peores, ya que Calles pensaba que un católico no podía ser un buen ciudadano ya
que su primera lealtad es con Roma. Calles proponía un nacionalismo nuevo, en el
cual los ciudadanos no deberían lealtad a nadie más que al propio Estado.
El gobierno de Calles intentaba crear una iglesia nacional.
El 21 de febrero de 1925, se crea con apoyo de la CROM la Iglesia Católica
Apostólica Mexicana (ICAM), encabezada por el sacerdote renegado Joaquín Pérez.
Este hecho significaba una división dentro del catolicismo pues la ICAM proponía
seguir la misma doctrina católica pero sin relación alguna con el Papa, por lo
que quedaba como líder el mismo Pérez en calidad de Patriarca, este grupo se
apoderó del templo de la Soledad para establecerse ahí esperando que la gente
los apoyara; pero en este intento fallaron ya que la parroquia fue recuperada el
día 23 por el pueblo, este hecho de querer dividir por la fuerza a la Iglesia
hizo que un gran número de católicos se movilizaran para defender las iglesias.
Así aumentaron las represiones en varias partes del país, por ejemplo en Tabasco
el gobernador Tomás Garrido, puso en vigor un decreto que obligaba a los
sacerdotes a casarse para poder oficiar, y en Tamaulipas se prohibió oficiar a
los sacerdotes extranjeros.
El obispo de Huejutla (Hidalgo), Manríquez y Zárate, hizo una carta donde
expresó sus protestas, por lo que fue apresado.
Al ver los ideales de Calles varios grupos de católicos se juntaron para formar
la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa en marzo de 1925, la
cual fue dirigida por Miguel Palomar y Vizcarra. Ellos pretendían conseguir la
libertad religiosa por medios "constitucionales". Este grupo rápidamente se
extendió en el país, sin embargo se declaró ilegal, por lo que tuvieron que
trabajar clandestinamente. También se formó un Comité Episcopal a fin de tratar
de llegar a un acuerdo con el gobierno.
En los años 1925 y 1926 se intensificó el conflicto, ya que en octubre en
Tabasco se prohibió el culto católico, y en Chiapas, Hidalgo, Jalisco y Colima
se practicaban castigos a quienes practicaran la religión.
Parte I: Antecedentes de la Guerra Cristera (1926-1929)
Parte III: Gobierno del General Plutarco Elías Calles
Parte IV: Toma de Armas en defensa de sus derechos